ESCAPADa A RONDa
Nuestra primera
crónica de viajes nos ha llevado a Ronda en la provincia de Málaga.
Tierra de bandoleros y toreros, por ella pasaron íberos, visigodos y
musulmanes.
Nuestro camino
comenzó en la Alameda del Tajo donde podemos encontrar multitud de
miradores que nos dan una visión de la serranía de Ronda, de la
Sierra de Grazalema o de la Sierra del Oreganal, cada uno de sus
miradores está denominado de manera diferente aunque bien podrían
llamarse “el mirador de los selfies” dada la cantidad de gente
que se hace autorretratos con ese horizonte de fondo. Merece mucho la
pena transitar por el paseo de los ingleses llamado así por la
construcción a finales del siglo XIX de una línea de ferrocarril
utilizada en su mayoría por turistas británicos.
| Mirador de la Alameda del Tajo |
La antingua Arunda o
Izn – Rand Onda (la ciudad del Castillo) tiene como principal
atractivo turístico la gran garganta que forma el río Guadalevín,
más comúnmente llamado Tajo de Ronda, este precipicio de unos 100
metros de profundidad te infiere una sensación de vacío no apta
para los que sufran vértigo.
Nuestra próxima
parada fue la Casa del Rey Moro (calle Santo Domingo, 9) en la cual
pudimos contemplar tanto su mina como sus jardines. Esta construcción
fue creada por el Rey musulmán Abomelic como una estructura militar
dado que Ronda estaba situada en un punto estratégico para controlar el reino nazarí de Granada frente a Castilla. Este lugar
contaba con varios pozos (hoy cubiertos) que servían para la
captación de agua. El visitante podrá comprobar que durante los 80
metros de escaleras en zig zag, hay gran cantidad de agua en alguno
de sus escalones lo que hace un poco peligrosa tanto la subida como
la bajada. Ahora bien, una vez llegado al punto final, podremos
observar el río con sus aguas verdes cristalinas y unas vistas hacia
arriba espectaculares.
| Minas del Rey Moro |
Salimos
de la mina, y a mano izquierda, bajamos por unas escaleras para entrar
en los jardines y así admirar sus cerámicas, sus estanques
de nenúfares o su combinación de elementos botánicos como el cedro
o las palmeras. Este espacio fue construido en el año 1912 por el
paisajista francés Forestier, reconocido también por su trabajo en
el Parque de María Luisa de Sevilla o en el Palacio de Líria de
Madrid.
| Jardines colgantes de Forestier |
Para terminar no
podía faltar la comida. Hicimos dos paradas: Una en el gastrobar
“Tragatapas” (Calle Nueva, 4 bocacalle de la Plaza de España) donde degustamos entre otras cosas
un exquisito salmorejo de remolacha, una zapata de carrillada
gratinada o un mollete de panceta confitada con col y salsa chile.
Una mezcla de sabores deliciosos. También fuimos al Bar “El
lechuguita” (C/Virgen de los Remedios ,35 perpendicular a Calle Nueva ) en el que comimos una
ventresca con salmorejo (se nota que mi pareja es de Lucena ) y una
Bacalao con queso de cabra. Es un bar muy pequeño, con varias mesas
fuera, pero con tapitas muy baratas que nos sirvieron para ahuyentar
el calor de aquel día.
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